NICOLAS BALANGERO: “dibujos borrados”
El niño que fui siente el deseo de hacer dibujos. Copia los que le gustan o los inventa, y los guarda en una carpeta. No sabe para qué son, ni a dónde van a parar en algunos años. Pero no se lo pregunta. Ellos son su desahogo, su consuelo y su compañía. La atención del niño se fija en aquello que le urge comprender e incorporar al espíritu. Todo lo que descubre intenta dibujarlo. Por eso dibuja sin parar. Dibujar es estar en movimiento, aunque no tiene conciencia de eso, lo sabe. Dibuja en la mesa, en la cama, contra la pared. Si no fuera tímido seguiría en el ómnibus, en la cola del supermercado, en la cancha. No muestra lo que hace, a ellos siempre le parece lindo. Un día, el niño siente que sus dibujos no le gustan y se da cuenta de que está solo.
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He-Man, un tigre, Winnie Pooh, el Pingüino, las tortugas ninjas, el Corsario Negro, Conan el Bárbaro, el rey león, un triceratops, un tiranosaurus rex, Belgrano, Sarmiento, un rinoceronte, Castrilli, Superman, Batman, Flash, piratas, un perro, Mickey, un detective, Moby Dick, el rey Arturo, un caballo, un hombre, un loro, Sandokan, Porky, caballos, Pluto, Robin Hood, un barco, un parasaurolophus, un chimpancé, el príncipe valiente, Donald, Einstein, otro perro, un avaceratops, el jorobado de Notre-Dame, el Acertijo, un barco con animales, el dragón blanco, un auto, cowboys, un loro, otro perro, otro perro, una casa a la orilla del río, Gulliver, Simbad, un perro más, Tarzán. Snoopy.
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“Y lo único que se oye / después de irse las ambulancias / es a Cenicienta barriendo / en la calle de la desolación”. |